La
industria de libros impresos en papel no está viviendo su mejor
momento y la razón se puede definir en una palabra: Amazon. A
finales de 2011, la compañía estadounidense llegó al mercado
español con su servicio Kindle.
Fue
un aterrizaje que encendió la mecha en un sector que hasta entonces
se había mostrado demasiado cauto y prudente ante los cambios
digitales.
2012
fue el año de las prisas para muchos. LaCasa del Libro lanzó Tagus.
Apple había abierto su ibookstore
sólo unos meses antes,
y Google
Play también tenía previsto su servicio de venta de ebooks.
La idea era posicionarse cuanto antes, pero sin una dirección muy
clara.
Esto
generó desconfianza en los editores, que se enfrentaban a un debate
moral entre subirse a un tren que arrancaba demasiado deprisa y con
unas condiciones leoninas impuestas por el gigante Amazon. Los
resultados se observan fácilmente en los gráficos del anuario de
estadísticas. Obviamente los que más se salvaban de esta guerra del
progreso eran los de ciencias sociales y humanidades, necesarios para
el estudio y prácticos en papel. Lo que no indica la estadística es
la caída estrepitosa en ventas por parte de las grandes editoriales.
Ante esa situación, se vieron en la necesidad de bucear en la red
para encontrar un manual de supervivencia que finalmente se tradujo
en intentar estar en casi todas las plataformas digitales.










